REFICAR: LA VERDAD REFINADA

“Hoy el producto terminado y ya en plena operación le permite a Colombia tener combustibles de última generación y acordes con normas futuras”.

Por: José Clopatofsky-Revista Motor

Más allá de las controversias que suscitaron los costos de la Refinería, hoy el producto terminado y ya en plena operación le permite a Colombia tener combustibles de última generación y acordes con las normas futuras internacionales. Ahora, la tarea es modernizar todo el parque de motores, y la llegada de esas reglas quedan en la cancha del Gobierno.

Reficar es la refinería más moderna de América Latina, pero quizás los asuntos de los costos y supuestos sobrecostos de su construcción y puesta en marcha son los puntos más conocidos por los colombianos. Desafortunadamente.

En el otro lado de la moneda, afortunadamente, no son nuestro tema de hoy. Viajamos a las entrañas de la enorme planta ubicada en Mamonal, en las afueras de la vieja Cartagena, para sumergirnos en su maraña de tubos, compresores, hornos, tanques, válvulas, enfriadores, bombas y miles de otros elementos que se entrelazan en un territorio de 140 hectáreas, área que se explica mejor si decimos que equivale a 280 canchas de fútbol.

La fachada no dice mucho, pues es la antigua refinería que ha operado allí desde hace 60 años. Pero en las fronteras de esas antiguas instalaciones hierve el nuevo Reficar, en cuyas cuatro unidades básicas de procesamiento de los crudos que le llegan por los oleoductos de todo el país, cada día refina hasta 150.000 barriles –puede llegar a 165.000– de todo tipo de petróleos que se preseleccionan y mezclan antes de meterlos al mágico hervidero donde el oro negro se transforma en oro puro para las economías de estos tiempos.

Ciento cincuenta mil barriles también es una cifra abstracta para el observador genérico, pero toma su dimensión total cuando se dice que equivalen a 6,3 millones de galones de líquido, de los cuales el 97 por ciento se convierten en productos que son el alimento del sistema circulatorio del país, al cual le aportan 31.000 barriles día de gasolinas corriente y extra, 80.000 de diésel regular de ultrabajo contenido de azufre, 7.000 para combustible de turbinas de aviación, 25.000 de nafta virgen, 1.700 de gas licuado (GLP), 1.500 de arotar (materia prima que es la base del negro de humo para hacer el caucho para la industria de llantas), 3.200 de propileno, 2.500 toneladas por día de coque, que es un sustituto del carbón, y 169 toneladas cada 24 horas de azufre líquido.

Para citar una comparación y dar una idea de la tecnología, la refinería de Barrancabermeja, a pesar de todas sus actualizaciones, solamente consigue transformar en elementos productivos y comerciales el 82 por ciento del crudo que recibe, y si bien tiene más subproductos, cerca de 30, opera una maquinaria de una o varias generaciones previas, por lo cual hoy oficia más de complemento que como la gran matriz de combustibles del país.

“Hay que mejorar el jarabe para los motores”. Esa frase, incrustada en un artículo que publicamos a raíz de los debates que se han calentado con motivo de las licitaciones para los nuevos buses de TransMilenio y de los problemas ambientales de Mede-llín, generó por supuesto inquietud en Reficar y Ecopetrol, actual dueña plena de la refinería, y para depurar su contenido nos convocó la plana mayor de esas entidades para poner en plata blanca la situación y la calidad de los combustibles que nos están surtiendo.

Vamos por el diésel, que es el más controvertido. Reficar produce diésel de especificación Euro VI, por encima de lo que se está pidiendo para los motores del transporte masivo. La norma del Gobierno exige 50 partes de azufre por millón (ppm). El que sale neto de Reficar es de menos de 10 ppm –excelente mundialmente– y se expende en esta condición en las estaciones de la costa Atlántica.

Para el resto del país, ese diésel va a Barrancabermeja, donde se mezcla con el de esa planta que tiene menor especificación y “el jarabe” final es de 25 a 30 ppm con un agregado adicional de biodiésel del 2 por ciento. Este es el ACPM que consume Bogotá, muy por debajo de la norma mínima que pide la ley.

Para el caso de Medellín, ante la emergencia ambiental que se ha vivido y el pico que hubo por el invierno, Ecopetrol, mediante un acuerdo especial con las autoridades de esa ciudad, está enviando desde Barranca un ACPM con menos de 20 ppm mezclando material de ambas refinerías.

Esto se logra mediante un sistema de transporte especial, pues cuando se despacha el ACPM por los oleoductos, su número de ppm sube ligeramente debido a la “contaminación” que se genera por los baches que se ponen en el tubo para dividir los productos, por ejemplo, la gasolina del ACPM, que viajan por la misma línea separados por otros elementos afines pero que de todas maneras los tocan.

Resumen: el ACPM, gracias a este aporte de la Refinería de Cartagena, que como es obvio tiene la última tecnología –pues es imposible adquirir viejos sistemas–, está hoy perfectamente acomodado con los requisitos de Euro V y Euro VI si fuere nece-sario, y cualquier motor moderno de esos requisitos operará sin problemas.

La gasolina es un líquido menos crítico y controvertido. La norma del Gobierno exige que tenga hasta 300 ppm de azufre, y con etanol este baja a 270. Barrancabermeja la produce con un contenido cercano a las 200 ppm y la Refinería de Cartagena la entrega con 50 a 70 ppm. Enorme diferencia a favor. Dependiendo de los mercados y precios, para lograr atender la demanda nacional suelen importarse de 20.000 a 25.000 barriles diarios de la Costa del Golfo.

La gran inquietud popular es el octanaje. Las cifras exactas y únicas dan el siguiente resultado para toda la gasolina nacional: La corriente tiene 81 octanos de base y sube a 84 con el etanol que se le agrega, que es actualmente un 10 por ciento. La extra nace con 87 en su estado fósil y sube a 89 con el etanol.

Hasta finales del año pasado no se lograba todo ese agregado de etanol por baja producción en los ingenios, pero con la entrada en servicio de la planta Bioenergy que tiene Ecopetrol en los Llanos Orientales para procesar caña de azúcar, ya hay suficiente producto para atender el nivel de 10 por ciento en todas las estaciones del país. Este rango de octanaje es el promedio internacional y se comprueba por el funcionamiento correcto de todo tipo de motores para gasolina, hasta los de alto rendimiento.

Hay otros productos que citamos antes muy influyentes también, pero el eje de la producción de Reficar son los combustibles y fueron la razón básica de su construcción para atender la creciente demanda en volumen y tecnología que requería de manera urgente una plataforma autosuficiente en un país donde sobraba crudo pero que tiene un déficit de gasolina por falta de capacidad de refinación.

Finalmente, en medio del abstracto recorrido por la refinería –donde no se ven operarios y solamente el calor de las tuberías, la respiración de las máquinas y la saludable llama de las teas donde se queman los gases pobres e inútiles pero que dan cuenta de que todo está funcionando– sale al aire la siguiente fase del proceso que debe emprender el país para tener un me-dio ambiente más limpio y compatible con su humanidad.

Los ministerios de Ambiente y Minas trabajan junto con Planeación Nacional en el trazo de una política moderna en materia de regulación y edad de la maquinaria que opera en todos los niveles con combustibles fósiles, de la mejora de las vías y la movilidad, porque la verdad es que con Reficar el país quedó al día en materia de combustibles y puede mejorarlos de acuerdo con las exigencias ambientales que surjan. Pero el entorno del consumo está muy atrasado y necesita reglamen-taciones que lo saquen de la edad de piedra.Como bien nos lo dijo el presidente de Ecopetrol, Felipe Bayón, guía y entusiasta compañero de nuestra inmersión en el tema y la oportuna refinada de conocimientos, “podemos ofrecer combustibles de última generación, pero este no surte ningún efecto si se aplican en motores del pasado que seguirán siendo chimeneas”.

Esto, palabras más que menos, pone el balón en otra cancha, más allá de las tuberías y las calderas de nuestra industria petrolera.

José Clopatofsky

 

Todas esta información la puede conseguir en: https://www.motor.com.co/actualidad/industria/reficar-refinada/30618

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